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La música en la obra de Haruki Murakami

Haruki Murakami

Haruki Murakami en su café jazzistico en los 70

(Este artículo fue publicado originalmente en Music:Life Magazine. Como el tiraje de la revista se agotó casi inmediatamente, lo reproduzco aquí para los lectores interesados)

Prácticamente todo lo que sé acerca del escribir lo aprendí de la música. Puede sonar paradójico pero sin mi obsesión por la música seguramente nunca me hubiese convertido en novelista. Incluso ahora, después de casi 30 años, continuo aprendiendo mucho de la buena música sobre el escribir.

Haruki Murakami.

Quienes me conocen saben que dos pasiones me han acompañado desde la infancia: el béisbol y la música. Hay muchos escritores que afortunadamente combinan estas pasiones. Quizá el más evidente hoy día sea Paul Auster, en cuya primera novela todo el embrollo se resuelve cuando el protagonista lleva a su hijo a un partido y ven una jugada no muy común, que de hecho da titulo a la obra: Squeeze Play. En la misma novela el personaje principal sufre la perdida de un disco de Mozart como parte de un proceso de intimidación (una madriza que le dan en su depa, pues). La escena es memorable, con un malandrín tomando el disco de Mozart en sus manos y preguntando “¿Quién es el fulano MossArt?”. “Un tipo más listo que tú” recibe por respuesta. Después de romper el LP Don Malandrín dice “ahora no parece tan listo”.

Pues del otro lado del Océano Pacífico hay un mundo donde las ventas de discos no han caído en la última década, a diferencia del resto del mundo, y donde hay una liga de béisbol verdaderamente buena: Japón.

De ese mundo procede Haruki Murakami, nacido en Kyoto en 1949 aunque criado en Kobe. Sus padres eran maestros de literatura japonesa. Sin embargo, el nunca intento escribir hasta que a los 29 años le surgió el deseo durante un partido de béisbol entre las Gaviotas de Yakult y las Carpas de Jingu. Según Murakami, en el momento que el tercera Dave Hilton (quien jugaba con los Padres de San Diego por los años que yo andaba naciendo) conectó un doble, él se dio cuenta de que podía escribir una novela. Quizá sobra decir que Dave Hilton es un jugador insignificante en la historia del rey de los deportes, con apenas 33 carreras impulsadas en toda su trayectoria profesional. ¿Cómo pudo inspirar a Murakami para escribir Hear the Wind Sing? Me resulta tan misterioso como a ustedes. El autor enviaría esa obra primera a un concurso, y al ganar el primer lugar decidiría seguir escribiendo.

Durante ese tiempo Haruki vivía de un pequeño café jazz. Estos establecimientos setenteros fueron increíblemente importantes en el desarrollo del avantgarde musical japonés. Fueron muy populares estos lugares pequeños donde se escuchaban discos de jazz, pero la peculiaridad es que no eran las piezas que puedes oír con tu tía las que más se programaban, sino repertorio bastante oscuro que podría hacer que Cecil Taylor sonase fresa. Es en esos cafés donde se nutre toda la importantísima generación actual de ruidistas japoneses, desde Masami Akita hasta Otomo Yoshihide. Este último vino a la ciudad de México a destrozar nuestros oídos hace un par de años en el festival Radar.

Murakami se había vuelto amante del jazz cuando a los 15 años, en 1964, le regalaron un boleto para el concierto de Art Blakey and the Jazz Messengers en Kobe. ¿Y cómo no iba a quedar impresionado si su primer contacto con el jazz en vivo fue con Wayne Shorter al sax, Freddie Hubbard en la trompeta, Curtis Fuller al trombón y Blakey en su delirante batería?

Casi quince años después de esta experiencia comenzaría la carrera de uno de los escritores más musicales de los últimos años. La música popular desde los Beatles hasta Led Zeppelin o Radiohead, el jazz más variopinto, la música clásica. Todos esos son elementos que no sólo aparecen una y otra vez en sus relatos, sino que además suelen explicar gran parte de la trama de novelas y cuentos por igual.

Por ejemplo en su Norwegian Wood de 1987[1] es la canción de los Beatles la que da titulo. Está canción es escuchada en una versión orquestal por Toru Watanabe, personaje principal de la novela, lo cual le genera una profunda melancolía. Además los personajes cantan a lo largo de la novela varias canciones del cuarteto de Liverpool. Por cierto, se anunció hace unas semanas que el director vietnamita Trần Anh Hùng[2] filmará la versión cinematográfica a estrenarse en 2010.

Otro ejemplo de la profunda significación que la música tiene en la obra de Murakami es el título de su novela de 1992 South of the Border, West of the Sun. En efecto, tomado de la canción de Nat King Cole.

Cocinar, comer, beber, escuchar música y el amor (perdido, encontrado, abandonado, traicionado, sublimado) son las actividades que se describen con frecuencia y detalle en los relatos y novelas de Murakami. Es decir, todo lo importante de nuestra vida.

Para Murakami la relación es natural. En música o literatura el ritmo, la melodía y la armonía son fundamentales, ha declarado varias veces. Pero como buen aficionado a lo que genéricamente denominamos cool jazz, la cereza en el pastel es la improvisación.

Listar todas las referencias musicales de Murakami sería imposible pues en este espacio no cabrían. Pero haremos el ejercicio con algunos volúmenes. En Hard-boiled Wonderland and the End of the World de 1985 hacen presencia varias piezas de Charlie Parker, Miles Davis, Woody Herman y Duke Ellington. Adicionalmente hay varias menciones a canciones muy conocidas de Bob Dylan. En Norwegian Wood “escuchamos” a los Beatles, Creedence, Doors, Cream y Rolling Stones. Además, en momentos de mayor introspección emocional de los personajes, aparece un concierto de Brahms, y música para piano de Debussy y Ravel. En South of the Border West of the Sun uno de los personajes principales es dueño de un par de clubes de jazz. Aparte del obligado Nat King Cole, también “escuchamos” a Jobim, Duke Ellinton y Bing Crosby entre otros. En Kafka on the Shore Murakami consiente un poco más a sus personajes dejándolos escuchar a los Beach Boys y el álbum más valioso que ha realizado Radiohead: Kid A. Adicionalmente se escucha un poco de Prince, Led Zeppelin, Cream, Dylan y el habitual jazz.

Quizá resulte obvio la omnipresencia del jazz tomando en cuenta que Murakami vivió de una dieta de 10 horas mínimas de está música al día cuando administraba su café. Lo que puede serlo menos es la descripción que da de su vida “musical” y su vida “literaria”. Mientras trabajaba en el café se desvelaba diariamente en un ambiente lleno de humo de cigarro. Todos nuestros amigos músicos saben lo que implica el horror de trabajar en estos ambientes. Desde que se decidió por la escritura, Murakami se levanta a las 5 AM, escribe un poco y luego sale a correr. No suena cómo el tipo de vida que llevaban algunos de sus ídolos, Coltrane por ejemplo.

Ya que aparte de escritor es un triatlonista aficionado, nuestro autor ha comentado en varias entrevistas que música usa para ejercitarse, y porque. Según él, el rock con ritmos simples le resulta más funcional que el jazz para correr. Cuenta incluso que en una ocasión al correr un ultra maratón (carrera de 100 Km.) pensó en escuchar la Flauta Mágica de Mozart completa. A la mitad de la obra se dio cuenta que la ópera le resultaba agotadora para correr.

Murakami pertenece a esa especie de seres humanos que, quiero creer, somos multitud: quienes no podemos vivir sin música pero no somos músicos. Nunca aprendió a tocar ningún instrumento, al menos no más allá de las típicas lecciones de piano infantiles.

Tiene otra peculiaridad. No sólo ha traducido él mismo al inglés algunas de sus obras escritas originalmente en japonés. También ha traducido a F. Scott Fitzgerald, Raymond Carver, Truman Capote, John Irving y Paul Theroux al japonés.

Hay que decir además que el circulo suele completarse en la obra de Murakami. ¿Qué quiero decir? Casi todas sus obras han inspirado canciones e incluso álbumes completos. Por ejemplo en el caso de The Wind-up Bird Chronicles, el músico italiano Massimo Fiorentino en su encarnación como Aeroplain ha compuesto un álbum completo con el mismo título[3]. Lo curioso es que está novela, al menos algunos capítulos, existe en varias versiones. Por ejemplo, el primer capítulo se publicó como historia corta con el titulo The Wind-Up Bird and Tuesday’s Women[4]. En está primera versión hay referencias más abundantes a la cultura popular -marcas de tenis, comida rápida, revistas, rock- que son eliminadas al pasar a la novela.

A diferencia de otros autores, Murakami no duda en hacer listas extensas de influencias. Lo sorprendente suele ser el tipo de conexiones que hace en ellas: para darle fluidez a la obra dice haber aprendido de los riffs de Charlie Parker y la elegante prosa de Raymond Carver. Su modelo de auto renovación en cuanto estilo literario: la música de Miles Davis.

A fin de cuentas, nos dice Murakami, no hay palabras nuevas. El trabajo de un escritor es darle nuevo  significado y énfasis a las palabras ordinarias. Y gusta de recordar algo que solía decir Thelonius Monk: no hay notas nuevas en el piano, pero si haces sonar las notas como lo que “tienes que decir”, si escoges las notas que verdaderamente “quieres decir”, entonces las harás sonar distinto.


[1] Escrita en japonés y luego traducida por el mismo autor al inglés una década más tarde. Con más de cuatro millones de ejemplares vendidos es la novela japonesa más vendida en aquel país.

[2] En México conocemos bien sus películas El perfume de la papaya verde y El triciclo.

[3] El cual se puede descargar integro, y legálmente, de la siguiente dirección: http://aeroplain.interiority.com/

[4] Antologado en The Elephant Vanishes.

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