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Monjes y videojuegos: entrevista al hermano Justin de la abadía de Heiligenkreuz.

Abadía de Heiligenkreuz

Monjes en la abadía de Heiligenkreuz

Canto Gregoriano es una denominación genérica verdaderamente curiosa. Para empezar, en nuestro país suele agruparse, al menos en un primer momento, con la música clásica. Esto es, a quien le guste lo uno se asume que le gustará lo otro, o los medios que se especialicen en difundir lo uno también lo harán con lo otro. Sin embargo, como veremos, no son mundos necesariamente sinónimos.

El canto gregoriano ha tenido en los últimos 20 años ciclos de popularidad, sea por algún disco de los monjes de Silos que se vendió muy bien por acá o por aquel infame disco de Enigma que mezclaba algunos ritmos electrónicos (bastante desnutridos) con voces monásticas.

Este 2008 fue testigo de otro momento de fama para está ancestral forma musical, pero está vez no fue un disco ni una película el responsable, sino un videojuego. En efecto, la tercera versión del popular Halo (que por cierto, el  día de su salida al mercado generó más dólares que la película más taquillera de la historia) incluye en su banda sonora pasajes del venerable canto litúrgico. Lo cual confirma lo que siempre he pensado: es absurdo afirmar que la función del canto gregoriano es “relajarnos” (o sino, alguien que me explique que hace como banda sonora en un videojuego en el que hay que destripar 30 seres vivos por minuto para poder seguir avanzando).

La popularidad de este video juego, y el amplio mercado potencial que generó, hizo que Universal Classics publicase en medios religiosos una convocatoria abierta en busca de algún grupo capaz de cantar en el estilo medieval atribuido, sin razón alguna según sabemos hoy, al papa Gregorio. Según reportes Universal recibió cientos de DVD’s y CD’s. Pero al final un video en YouTube (decía Dylan, y no Thomas, que “the times they are changing”) los hizo decidirse por un grupo de célibes monjes que habitan una la segunda abadía cisterciense más antigua del mundo: Heiligenkreuz (o de la Santa Cruz) fundada por San Leopoldo en 1133.

Después de breves preparativos se realizó la grabación del disco que ha sido un éxito impresionante de ventas. Por ello un servidor entrevistó vía telefónica al hermano Justin, uno de los monjes participantes en la grabación. El hermano tuvo la gentileza de comunicarse con nosotros en un español lleno de italiano, portugués y quién sabe que más, pero a pesar de la distancia de la lengua, sus respuestas fueron iluminadoras en varios sentidos.

Mi primera pregunta fue en torno a la idea de “relajamiento” que se atribuye normalmente al Canto Gregoriano. Mi argumento era que el estado de atención espiritual que implica el ejercicio de la plegaria sería más parecido a una especie de tensión espiritual que al relajamiento.

El  hermano Justin nos dice: “… en efecto hay quienes se pueden relajar con el coral gregoriano, pero en realidad para nosotros no es sólo música, sino una plegaria, que hemos heredado desde los tiempos del templo de Jerusalém, aunque el papá Gregorio, quien hizo la reforma al modo de cantar y fundó la schola cantorum, terminó su papado en el año 604. El canto gregoriano es el canto de la iglesia católica romana de occidente. Aunque puedo entender que incluso para los no cristianos de occidente pueda ser relajante, antes que espiritual”.

Para el practicante del Canto Gregoriano su ejercicio viene en línea directa de los tiempos del origen de la religión cristiana. En realidad hoy sabemos que a lo largo de los siglos el también llamado cantus planus ha tomado elementos de las músicas contemporáneas. Más aún, los manuscritos más antiguos conservados proceden del siglo IX y no de los tiempos del Papa Gregorio. La versión más autorizada hoy día asume que en realidad el Canto Gregoriano, al menos en una forma muy parecida a la practicada hoy, procede de una mezcla de la tradición romana y la franca durante el imperio de Carlomagno.

Explicar la relación con la institución religiosa no es ocioso. La tradición más común con la que apreciamos el arte hoy día viene directamente del credo forjado en el Romanticismo. Solemos pensar en el artista genial, en la obra excepcional, en el arte por el arte, pero esa concepción es bastante reciente en occidente. En realidad en las épocas antiguas la distinción entre arte y otras actividades humanas no era tan clara.

Por eso le preguntamos al hermano Justin qué piensa sobre el hecho de que muchos no creyentes consuman su música y encuentren en ella algo de su agrado.

Justin: “…yo pienso que para algunas personas nuestra forma de orar puede ser sólo una forma de cantar. Puede ser que en lo que hacemos escuchen sólo música. Pero también creo que las personas pueden comprender que la felicidad en el mundo depende de ‘otra realidad’ que está detrás del mundo que podemos ver. Y es a ese mundo de Dios al que oramos principalmente. Puede ser demasiado espiritual mi manera de explicarlo, pero a fin de cuentas, eso es lo que hacemos”.

Cada vez me queda más claro que la dimensión puramente estética no significa gran cosa para nuestros monjes. En el mundo de la música clásica estamos acostumbrados a la preeminencia del autor. Es fundamental saber si la música es de Vivaldi, Beethoven, Wagner o Stockhausen, no sólo por una obsesión con el dato sino porque es muy probable que alguien que guste mucho uno de los anteriores no guste tanto de los otros tres. Sin embargo, el mundo del Canto Gregoriano pertenece a ese misterioso autor tan prolífico en todas las artes: Anónimo. En la cuestión del repertorio por lo tanto enfrentamos otros problemas.

Cuando el Canto Gregoriano fue puesto por escrito por vez primera, en el siglo IX, la notación empleada indicaba tan sólo la dirección de la melodía, hacía arriba o abajo, sin notas específicas que reproducir a cada momento. Antes de esto el repertorio se conservaba de manera oral. Por ello es sorprendente que los primeros manuscritos procedentes de lo que hoy sería Francia, Alemania e Inglaterra tengan una consistencia estilística tan grande. Ahora bien, la retención en la memoria de todo el material ocupado en cada abadía o iglesia llegó a ser muy complicada, por ello se comienza a experimentar con la escritura musical que evoluciono hasta llegar a lo que conocemos hoy día. Se calcula que a mediados del siglo IX había unas 2,000 piezas en el repertorio común de la misa y el oficio.

Desde aquellos tiempo mucho ha pasado en el mundo de la música sacra. Por ello preguntamos al hermano Justin que opina de algunos compositores vivos, como Pärt y Tavener. La respuesta es sencilla.

Justin: “No los conozco. Pero nuestra forma de cantar es para nosotros es un modo de escuchar a Dios, ya que todo lo que cantamos son partes de la Biblia”.

Una línea clara se marca. Estamos hablando con monjes de la abadía cisterciense habitada más antigua del mundo y no parecen estar muy interesados en actualizar su tradición.

Insistiendo sobre Pärt, le cuento al hermano Justin aquella anécdota de la grabación del Misereré, durante la cual Pärt pidió que se colocarán los micrófonos muy alto, debido a que había unas ventanas superiores en la iglesia donde se grababa, y él quería que el sonido del viento colándose por las ellas fuese la participación divina en la obra. A continuación le preguntamos si ellos tienen una anécdota parecida al momento de grabar.

Justin: “Bueno, para nosotros era muy importante cantar en nuestra iglesia. Desde un principio fue una condición grabar aquí. Así que los técnicos de Universal vinieron con sus micrófonos y demás cosas”.

Así es, amable lector. Estos pop stars con más de 500,000 discos vendidos no van a hacer tour, no van a cantar fuera de su iglesia. Si le ha gustado mucho el disco no ahorre para el boleto en el Auditorio Nacional o lugar parecido. En todo caso, tendrá que ir a la abadía de Heiligenkreuz si los quiere escuchar en vivo.

Como ya dijimos, la forma del Canto Gregoriano es muy antigua. Por ello pregunto si no es necesario componer música sacra contemporánea, más cercana a nuestras preocupaciones y visión del mundo, y si ese fuera el caso ¿a quién comisionar?, ¿cómo dar seguimiento a la renovación del repertorio?. El hermano Justin parece no entender la pregunta y vuelve a explicar la función devocional de su canto. Pregunto si en algún disco próximo los escucharemos cantar algo más reciente (bueno, “reciente” de hace 400 años, digamos Bach), y nuevamente parece no entender la pregunta, aunque nos dice que el disfruta mucho a Bach, Mozart y Bruckner. Insisto sobre la posibilidad de escucharlos con otro repertorio, y me doy cuenta que el hermano entendió la pregunta desde la primera vez. Es sólo que no la contesto porque le parecía absurda:

Justin: “Llevamos 900 años cantando así. No puedo imaginar que en nuestra abadía se llegué a alabar a Dios de otra manera”.

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