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Música usada para torturar podría generar derechos de autor.

La publicación de izquierda norteamericana Mother Jones publicó en marzo una serie de notas sobre la tortura en las prisiones de Guantanamo e Irak. Resulta que a partir de un reporte filtrado a la prensa y entrevistar a varios veteranos, la publicación compiló una lista de canciones frecuentemente usadas en estas prisiones como tortura (si tienen tiempo y les interesa el tema, revisen el extensísimo reportaje sobre un veterano. Lejos de los excesos de nuestro discurso político, retrata al militar en su dimensión humana, sin el exceso blanco-negro). La lista original (en inglés) está aquí.

El tema de Barney y la pieza de Christina Aguilera me parecen ejemplos de la crueldad infinita que han logrado los norteamericanos en cuanto a la tortura. Sin embargo, no son perfectos. ¿Quieren lograr resultados óptimos?

Hay por ahí música académica contemporánea de compositores mexicanos que lograría hacer que cualquiera se declare culpable del crimen más atroz. Obvio no me refiero a toda la música mexicana. Sólo a aquellas obras producto de las pequeñas mafias artísticas mexicanas. En pocas palabras, esos discos que no les interesa oir ni a los papás del compositor, menos a nosotros como sufrido público. En serio. Y además podría convenir a todas las partes.

Me explico. Howard Knopf, influyente abogado canadiense especializado en derechos de autor (copyright) sugiere en su blog que la utilización de estás piezas deberían generar regalías para sus autores, ya que básicamente se están usando en un espacio público. Entonces, si la milicia norteamericana decidiese usar algo de esta música de concierto mexicana (me refiero a esos discos que no les interesa escuchar ni a los familiares de los compositores y/o intérpretes, y que se graban gracias a los entramados de complicidades entre artistas que necesitan justificar becas y compañías que aprovechan para hacer curriculum con ello) habría varios beneficios: 1) se venderían varias copias de los discos, recordemos que hay muchas prisiones militares ilegales mantenidas por EUA en el mundo; 2) los artistas involucrados tendrían, quizá por vez primera, audiencias verdaderamente “cautivas”; 3) ganarían algo por los derechos autorales de sus obras; 4) los torturados confesarían incluso cuantos juguetes se robaron del supermercado cuando niños.

Es más ahora que está de moda torturar en México (recuerden a ese notable alcalde leonés que gustoso indicó “me vale Wilson” respecto a los recién vistos videos de entrenamiento en técnicas de tortura de la policía municipal) ¿imaginen cuantas copias se podrían vender si cada municipio comprase cd’s?

Bueno, yo nomás decía…

Usted, amable lector ¿con que música torturaría a alguien?

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