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Britten, Pears y el amor que no se atreve a decir su nombre.

Britten y Pears

Ayer al comentar el estreno de Albert Herring hice una mención al homosexualismo de Britten. Varios lectores me escribieron quejándose de la falta de respeto o de plano acusándome de mentiroso “¿cómo un artista tan grande como Britten puede ser homosexual?”

Vamos por partes. Señalar su preferencia sexual no es casual o superfluo, ya que escribió mucha de su obra para tenor con la voz de su pareja Peter Pears en mente (los vemos en la foto acompañados del productor de la BBC, John Ishaw). Sólo alguien que no conozca la ópera mencionada puede extrañarse. Para quienes en efecto no la han escuchado, resumiré así la historia: en un pequeño poblado se busca a la reina para las festividades de mayo. Es difícil la elección pues al parecer ya no hay virgenes, así que se decide cambiar la modalidad y escoger un rey. La elección es fácil pues es conocida la condición virginal del buen Albert Herring, objeto de la mofa cotidiana por el dominio que su madre ejerce sobre él.

Ahora bien, si no es clarísima la referencia al homosexualismo (que no era ni remotamente secreto en la comunidad artística inglesa) de Britten, pues que nos ampare monseñor Abascal.

Además hay que recordar que parte del libreto de una de las ópera más recordadas de Britten, Billy Budd, fue escrito por el también homosexual E. M. Forster . Imposible ignorar el tono explícito ¿autobiográfico? de una de sus novelas, Maurice, y su declarado malestar ante la hipocresía de la sociedad británica de la primera mitad del siglo XX, frecuentemente retratada en Pasaje a la India, Una habitación con vistas, Howards End, etc.

Sin embargo, al señalar ese dato no pretendo hacer una apreciación de valor. No califico y mucho menos descalifico la obra de Britten por sus preferencias sexuales, pero es obvio que en el caso de sus óperas sólo alguien muy necio-ciego-conservador (úsense los términos de manera intercambiable) negaría los guiños que el compositor incluye en las obras. Eso no las hace mejores o peores. Me sorprende que en pleno siglo XXI parezca escandaloso un estilo de vida sobre el que Britten podía producir una obra tan divertida hace 51 años.

Para quienes piensan que no es cierto el dato, recomiendo la lectura de del libro de Michael Wilcox Benjamin Britten’s Operas (Absolute Press, 1997) donde justamente se realiza un concienzudo y documentado análisis sobre el papel de la sexualidad de Britten en el desarrollo de sus óperas.

Sirva esta nota para disfrutar de otra selección de Britten:

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Categorías:1
  1. Argel
    enero 1, 2009 en 4:16 pm

    Britten sí era gay, fue preja de Auden

    Argel

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