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Robert Rauschenberg

rauschenberg_1953.jpgEste lunes 12 de mayo murió Robert Rauschenberg a los 82 años de edad. Sus cuadros blancos fueron una de las primeras piezas de arte contemporaneo que me hicieron investigar porque el siglo XX era tan radical en sus postura estéticas. De ahí a coleccionar música de minimalistas y serialista, sólo había un paso. Su influencia en muchos compositores de mediados de siglo es importante, y ya en su trabajo escénico exploraba la idea radical del silencio.

La cuestión del silencio es fundamental en la concepción musical de occidente. En un sentido estricto, lo que consideramos música es una presentación ordenada de sonidos y silencios. En ese sentido, la ausencia de sonido es tan importante como su presencia para la percepción musical. Sin embargo, el concepto de silencio es un límite que escapa a nuestra experiencia: no se puede “escuchar” el silencio.

Algún lector debe estar saltando de su silla para indicar que el espacio exterior es efectivamente silencioso. Pero sigue siendo una concepción límite ya que es un silencio que no podemos experimentar de primera mano. Siempre me ha fascinado en las películas de ciencia ficción esa ¿imposibilidad? ¿miedo? de representar el silencio. Escuchamos el rugir de los cuetes impulsores, las explosiones y desplazamientos. El sonido necesita de un medio elástico para transmitirse como todos sabemos. El medio que damos por descontado es el aire, pero el agua y prácticamente cualquier sólido funciona también. La ausencia de este medio elástico en el espacio exterior hace que la presencia del sonido en el mismo sea imposible.

Menciono todo esto porque la exploración de los límites expresivos es fundamental en el arte del siglo XX. El silencio como corolario del espacio absoluto, de la extensión sin interrupción y pura. El silencio deslocaliza, ya que el sonido emana de centros, localiza y apunta a posiciones específicas en el espacio. Cage llegará al extremo de su composición silenciosa 4:33, pero antes de él es Rauschenberg el que lo inspira para esta exploración extrema. Al inicio de la década del 50 Rauschenberg presenta sus célebres Cuadros blancos. Su aparente vacío en realidad revelaban la presencia activa de la luz, color y movimiento del entorno. En sentido estricto puede ser que el trabajo de Rauschenberg no sea una invención. Kasimir Malevich, Ad Reinhardt y Frank Stella ya habían realizado obras totalmente negras, blancas, o con variantes de esta idea de que llamaré de contenido ausente.

rauschenberg.jpg

Quizá su obra más conocida es aquella donde la escultura y la pintura de caballete se cruzan. Los animales disecados y colocados sobre un lienzo, o la cama empotrada, con sábanas ensangrentadas y empotrada en la pared son verdaderos íconos del arte de la posguerra ¿modernista? ¿postmodernista?. Su obra abre el camino que llevará a la pintura norteamericana al estadio posterior a Pollock y de Kooning.

Hombre del renacimiento, Rauschenberg lo mismo trabajaba en la pintura, foto, impresión, escenografía, coreografía e incluso composición musical hacia el final de su vida. Sus colaboraciones y coincidencias con el coreógrafo Merce Cunningham y con John Cage son muchas y muy variadas. Cage señalaba que era Rauschenberg el que nos había enseñado a encontrar belleza en todas partes. Aún no se había llegado al extremo de declarar como arte cualquier pieza de basura encontrada en la calle. A lo que Cage se refería es a que Rauschenberg detectaba la aspiración estética, la belleza latente, la posibilidad de convertirse en arte de cualqueir objeto.

En alguna ocasión Robert declaró:

En verdad siento lástima por aquellos que piensan que un portajabón, o espejo o botella de Coca-Cola son feas, porque están rodeados permanentemente por cosas como esas todo el día, y deben sentirse miserables al respecto.

Gran bebedor, como todo hombre de valía, lo único que se interpuso entre la botella y él (por temporadas) fue su trabajo artístico. Una vez rico y famoso fue de una generosidad legendaría. Lo mismo repartía dinero en sinfín de caridades para todo tipo de causas, donaba dinero para otros artistas o para el partido demócrata.

Otra cita que me encanta es cuando habla de su proceso creativo ya en tiempos recientes:

Joder las cosas es una virtud. Estar en lo correcto no es el punto. Tengo una correctora de estilo fanática, cuando termina de corregir mi puntuación y ortografía no entiendo lo que yo mismo escribí. Buscar la corrección puede acabar con la fuerza que nos conduce hacía una idea interesante.

Descanse en paz.

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. mayo 31, 2008 en 8:54 am

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