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Muzak, Cage y Lippold

lippold_blog.jpgDifícil de definir, más aún porque ni siquiera es un género sino más bien el nombre de una compañía, la Muzak incluye, pero no exclusivamente, a la música orquestal ligera, el smooth jazz, la música para adulto contemporáneo, el new age y en general cualquier música que esté pensada como música de fondo. Quizá su mayor generalidad sea justamente que no quiere, ni requiere, nuestra atención y mucho menos esfuerzo intelectual alguno para ser disfrutada.

La compañía que da nombre a este “metagénero” musical, lleva más de 70 años investigando el modo de usar la música “ambiental” para incrementar la productividad en las empresas y las ventas en los negocios que la contratan. Su programación musical se realiza en bloques de 15 minutos tomando en cuenta las horas de entrada, descansos, comidas y salida del público que estará expuesto al servicio. La compañía dice tener unos ocho millones de radioescuchas al día.

Mark Prendergast ha llamado al siglo XX el siglo de la música ambiental (ver The Ambient Century, Bloomsbury Publishing, ISBN-10: 0747557322). Algunas de las conclusiones en su exploración que va de Mahler y Satie hasta algunos géneros de música electrónica reciente (incluidos el trance y el propiamente denominado ambient) han sido criticadas, pero podemos decir que en general tiene una visión acertada respecto al cambio que sufrió el consumo y producción de la música a partir del desarrollo de las técnicas de grabación y la posibilidad de escuchar música prácticamente en cualquier momento. Parece natural que ante las mayores demandas de eficiencia y control del mundo corporativo del siglo XX, una empresa como Muzak haya prosperado mientras proliferaban las formas de “música de fondo” en la segunda mitad del siglo pasado.

Hoy nos preguntamos donde está esa música. Mis padres tenían discos lo mismo de Ray Coniff, Paul Mauriat o Franck Pourcel. Centenares de artistas y grabaciones pasaron al completo olvido en el espacio de una generación. Sin embargo, en el género específico de la música orquestal ligera, es sorprendente el número de nuevos actores que producen obra nueva, aunque su mercado y exhibición es casi inexistente.

Para muchos melómanos las distintas música denominadas Muzak son el equivalente artístico a una coca-cola dietética frente a un delicado vino, o una hamburguesa de McDonals frente a un menú francés de nueve tiempos.

¿Usted que opina?

Mientras decide, déjenme contarles que en una ocasión el escultor Richard Lippold solicitó que se retirara el audio proporcionado por Muzak en el espacio donde se exhibía una obra suya, dentro del edificio de Pan Am en Manhattan. Lippold comisionó ni más ni menos que ha John Cage para que realizara una programación “alternativa” de Muzak. La gente de Pan Am finalmente rechazo la idea y uno de los directores de la compañía declaró:

La gente de negocios y los estetas no siempre se miran a los ojos

Cage ya había dedicado dos de sus sonatas para piano preparado (XIV y XV) a la obra de Lippold y les puso por subtítulo Gemini, en referencia a una obra de este. Además en una obra posterior (y de mis favoritas), Indeterminacy, Cage hace mención del escultor. Aquí el texto original:

Richard Lippold called up and said,
“Would you come to dinner and bring the
I-Ching?” I said I would. It
turned out he’d written a letter to the
Metropolitan proposing that he be commissioned
for a certain figure to do The Sun.
This letter withheld nothing about the
excellence of his art, and so he
hesitated to send it, not wishing to
seem presumptuous. Using the coin
oracle, we consulted the I-Ching.
It mentioned a letter. Advice to
send it was given. Success was
promised, but the need for patience was
mentioned. A few weeks later,
Richard Lippold called to say that his
proposal had been answered but without
commitment, and that that should make
clear to me as it did to him what to
think of the I-Ching. A year
passed. The Metropolitan Museum
finally commissioned The Sun. Richard
Lippold still does not see eye to eye with
me on the subject of chance operations.

Muy adecuado maridaje el de la obra de ambos artistas, preocupados por una redefinición de sus respectivas disciplinas. En el caso del escultor, su obra más recordada está construida con alambre y llega tener dimensiones monumentales. Pertenece al momento del siglo XX en que la escultura deja de enfocarse en la manipulación de sólidos y se convierte en una delicada orquestación de elementos en el espacio. Las eculturas de Lippold están llenas de espacio vacio, así como la música de Cage puede estar llena, hasta el extremo que podemos ver aquí, de silencio.

En la ilustración una obra de Lippold, en el video la sonata V para piano preparado de Cage.

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