Inicio > Después de la Música > Segunda escuela de Viena: alrededores.

Segunda escuela de Viena: alrededores.

schoenberg.jpg

La Segunda escuela de Viena (escuela jóven de Viena le llamaba Wellesz ya desde 1912) surgió en un momento cultural que desde mis años de secundaria me ha parecido irrepetible. No puedo imaginar la vida en un lugar donde estaban todos los personajes que comentaré en los siguientes párrafos.

Para empezar el trío de compositores más radical de la primera mitad del siglo XX: Schoenberg, Berg y Webern. Cuando hablamos de Segunda escuela de Viena normalmente nos referimos a ellos. Según quien hable, la lista puede incluir también a Wellesz, Jalowetz, Horwitz, Stein e incluso Skalkottas. El trío principal tuvo diversos tipos de relaciones, no siempre tersas, y algunas inquietudes estéticas comunes, como la investigación de la atonalidad y la dodecafonía, que son elementos que suelen definir a esta escuela. Sin embargo no hay que confundirnos, pues es muy amplio el terreno abarcado por los tres. dificílmente se puede reducir su obra a los puntos en común que tenían. Seguramente en muchos momentos podré comentar obras de este trío galaxia, pero me gustaría comentar un poco sobre el entorno en el que les tocó trabajar. Es común que la gente diga “me gustaría haber vivido en tal o cual época”. Creo que estos años vieneses son los únicos que verdaderamente envidio y quizá los únicos en los que, gustoso, habría vestido traje y corbata.

berg.jpg

Una entre tantas cosas que vuelven único al siglo XX es su relación con el presente, esto es, con su presente. En el siglo XX tenemos el movimiento Moderno y además el Contemporáneo. Tanta es nuestra necesidad de tomar postura respecto al pasado que hasta posmodernos nos llamamos. Todo es post o neo.

La modernidad quizo ser la culminación de la Ilustración. Después de la Edad de la Razón llegaba la de la ciencia y la tecnología, de la producción industrial racional y la democracia. La del progreso lineal ilimitado. Había llegado el reino del hombre con igualdad y libertad. Por fin se habia terminado con el despotismo y con la superstición e ignorancia. Como todo postura optimista del hombre, está de la modernidad tendía a la ceguera. Claro, el mismo siglo XX entre guerras mundiales, holocaustos y genocidios se encargó de manchar las promesas y augurios (que sonaban casi a promesa electoral).

Una peculiaridad del cristianismo es su visión de la historia lineal y decadente, a diferencia de las más comunes visiones cíclicas de la historia. El siglo XIX europeo produjo desde la lingüistica historicista de Jacob Grimm, las nuevas ciencias de la Tierra vía Charles Lyell y otros, la teoría de las especies de Darwin, la Fenomenología del Espíritu de Hegel, las teorías de la evolución progresista de Herbert Spencer, el positivismo de Comte. Todas ellas quitaban el elemento decadente y reforzaban la visión lineal y optimista de la historia.

webern.jpg

Quizá por única vez en la humanidad, este periodo moderno cree percibir que todo el mundo trabaja en la misma dirección, que todo producto humano es producto del espíritu de su tiempo. El filósofo Carnap dice en la introducción a su Der logische Aufbau der Welt refiriendose a los movimientos artísticos e intelectuales:

Sentimos todo alrededor la misma orientación, el mismo estilo de pensar y hacer. Nuestro trabajo es guiado por la fe de que está actitud ganará el futuro.

La fe en la ciencia y la lógica hace que la filosofía analítica se vuelva la corriente más representativa de la época moderna. Afortunadamente no existió consenso, y hay muchas críticas a la visión optimista del mundo. Sea el ataque al pensamiento sistemático de Hegel realizado por Kierkegaard, la investigación del lado ocuro del hombre por Dostoievsky, la transvaloración de todos los valores por Nietzche, las reflexiones apocalípticas de Spengler.

La originalidad de Wittgenstein es inaprensible en unas cuantas páginas, pero un claro ejemplo es su actitud frente a la idea de progreso. En uno de tantos textos mecanografíados y aún inéditos dice:

Nuestra civilización es caracterizada por la palabra “progreso” […] se ocupa en construir una estructura cada vez más compleja […] No me interesa construir, sino tener una perspectiva de la cimentación de los edificios posibles.

wittgenstein.jpg

Wittgenstein estaba más ansioso por combatir y distanciarse de la escena intelectual prevalente que de reinstaurar alguna estructura pasada. Había que construir algo nuevo una vez que se limpiaran los escombros de la civilización decadente.

El Wittgenstein de la preguerra en Cambridge, estudiante de la lógica de Frege y Russel, es muy distinto al Wittgenstein de finales de los 20. Después de haber sido liberado del cautiverio renuncio a su fortuna y vivió ascéticamente como profesor de primaria en un remoto pueblo austriaco.

Era hijo del tardío imperio de Habsburgo, el cual era una construcción cociopolítica muy peculiar. Estado multinacional y multilingüistico, obsoleto frente a la tendencia generalizada en Europa de consolidación de estados nacionales. Este imperio sin emperador, reino sin rey vivía de un modo característicamente hipócrita, con una doble moral exaltada. Por eso no sorprende en esta atmósfera insincera la aparición del lenguaje arquitectónico purista de Adolf Loos, la crítica cultural en la literatura de Hermann Broch y Robert Musil, la apocalíptica ironía de Karl Kraus, el intento de encontrar la verdad en el alma humana de Freud, de Schnitzler y obviamente las músicas atonales de Schoenberg, Webern y Berg.

En ese sentido Wittgenstein es sintomático de la reacción contra la superflua sociedad vienesa de sus tiempo. De ahí su intento de buscar un pueblo inocente, sano de las enfermedades morales del imperio habsburgués. Como maestro rural en Austria, en una remota cabaña en Noruega, apartado en el oceano de Galway, su intento fracasado de instalarse en la Unión Soviética. Busquedas de la “Tierra de Nunca Jamás”.

En este ambiente cultural, donde el sentido deja de ser claro, donde el eufemismo aflora, es necesario hace una crítica y renovación del lenguaje. Fritz Mauthner en su Sprachkritik, Karl Kraus en su obra satírica, Wittgenstein en su Tractatus, realizán esta crítica intentando recobrar el sentido de la lengua y en el caso del último intentando encontrar el lenguaje puro, en su forma incorruptible. Un lenguaje que reflejase el mundo como realmente es. El segundo Wittgenstein se percata de que no hay un lenguaje puro, pues para funcionar necesitaria un mundo puro que reflejar, el cual no existe.

El lenguaje que se encarga de formular preguntas no es preciso. Quizá por eso las interrogantes filosóficas no se pueden resolver, porque son preguntas mal planteadas. Hay que traer de vuelta a las palabras, de su uso metafísico a su uso cotidiano. El uso metafísico del lenguaje genera los equívocos, así que habrá que combatir a la metafísica. Para los positivistas los asuntos metafísicos eran aquellos que no podían responderse con los métodos de la ciencia natural o la deducción lógica. Muchos veían a la metafísica como un residuo del pensamiento religioso. Sin embargo la metafísica que Wittgenstein combate es la que está enraizada en la ciencia, no en la religión. Dice en el Cuaderno Azul:

Los filósofos contantemente ven los métodos de la ciencia frente a sus ojos y son tentados irresistiblemente a resolver problemas como lo hace la ciecia. Esta tendencia es la verdadera fuente de la metafísica, y conduce al filósofo a una oscuridad completa.

En una colección de escritos publicada postumamente y titulada Culture and Value leemos:

[no hay nada absurdo en creer] que la edad de la ciencia y la tecnología es el principio del fin de la humanidad

Según Wittgenstein el mundo está constituido enteramente por hechos. Los seres humanos somos conscientes de estos hechos vía nuestras representaciones mentales de los mismos. Estás representaciones se expresan como proposiciones cuya forma indica la posición de estos hechos dentro de la naturaleza de la realidad como un todo y cuyos contenidos presentan las condiciones de verdad bajo las cuales se corresponden con la realidad.

Ahora bien, como un lenguaje propiamente lógico solo tendría algo que decir respecto al mundo entonces el juicio estético respecto a lo que es bello y el ético respecto a lo que es bueno trascienden los límites del lenguaje, pues están más allá de lo que puede ser representado: no son hechos. Es está clara delineación del lenguaje lógico lo que atrajo profundamente a los miembros del Circulo de Viena.

Las imágenes, en oden: Schoenberg, Berg, Webern y Wittgenstein.

Anuncios
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: