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Dvořák y Martinů

En estos tiempos electorales abundan las reflexiones del tipo: el destino de un país se decide en un día (el de las elecciones) a partir de la votación de algunos millones de ciudadanos. En el mundo de las artes puede ser más delicado: puede depender de una persona. En 1885 Jeannette Thurber, esposa de un comerciante newyorkino, decidió fundar el Conservatorio Nacional (Americano) de Música. Como no solo aquí se desconfía de las capacidades locales, el director tenía que ser europeo. Le recomendaron a un chamaquito de 28 años, Jean Sibelius, y a un hombre cincuentón, Antonín Dvořák. El trabajo fue para Dvořáky mientras lo ejercía compuso su Sinfonía del Nuevo Mundo (1893). Como hubiese evolucionado la música americana en caso de haber sido Sibelius el director fundador de tal conservatorio, jamás lo sabremos. Lo que es seguro es que la Novena Sinfonía de Dvořák hubiese sido muy distinta sin la influencia de la música negra e indígena del norte de América. De la música negra (todavía no se exigía la expresión políticamente correcta “afroamericana”) Dvořák decía que en ella “descubría todo lo que se necesita para crear una gran y noble escuela”. Curiosamente tenía toda la razón, pero en un sentido muy distinto: el jazz será la gran música americana del siglo XX.

Siendo miembro de un pueblo dominado por una fuerza extranjera (Austria) Dvořák sentía simpatía por el sino de los nativos americanos y los recientemente liberados esclavos. El espíritu progresista del conservatorio permitía estudiantes de color, por lo que Dvořák tuvo contacto de primera mano con la música popular que sus estudiantes conocían. Smetana y el mismo habían tomado la música popular de Bohemia como punto de partida para un sonido nacional checo. Antonín imaginó lo mismo para América pero al no haber a la mano compositores nativos con la capacidad para lograr tal empresa, Dvořák decidió intentarlo él mismo. Imagine usted amable lector a uno de los dos mayores compositores vivos europeos (siendo el otro Brahms) intentando definir lo que será la música americana para el siglo XX. Dvořák quiere emular el espíritu de la música negra en su sinfonía subtitulada Desde el Nuevo Mundo. No citó directamente ningún tema nativo, pero uno de sus estudiantes, William Fisher, escribió un arreglo coral sobre el tema del segundo movimiento de dicha sinfonía. Irónicamente dicha pieza se volvió tan popular que hoy día muchos piensan que es un espiritual negro original citado por Dvořák.

Por otro lado Bohuslav Martinů se sitúa al final de la gran tradición sinfónica checa inaugurada por Smetana y Dvořák. Lo curioso es que él compuso no una, sino sus seis sinfonías en Norteamérica. Igual que Sibelius, Bohuslav Martinů era más bien conservador en términos musicales, aunque se atrevió a incluir mayores disonancias además de elementos jazzisticos. Resulta revelador el comentario de Aaron Copland respecto a los compositores americanos de su generación, la mayoría de los cuales aún no habían estado en Europa: “En un sentido muy real Europa ha venido a ellos, muchos de quienes tienen contacto personal con Stravinsky, Hindemith, Schönberg, Milhaud y Martinů. Sería muy extraño que la presencia de estos maestros no tuviese alguna influencia en nuestras jóvenes generaciones”.

Bohuslav Martinůllegó al Nuevo Mundo después de haberse formado en el ultramodernista París de los 20, donde escribió piezas como Le Jazz y la Suite de Jazz. Al parecer no le urgía a Martinů visitar la tierra originaria está nueva música negra, pero la caída de Francia frente a los Nazis volvió urgente la visita. Llegado a Nueva York en marzo de 1941 Martinů se convirtió subitamente en sinfonista. En rápida sucesión escribió cinco sinfonías, a razón de una por año y posteriormente la sexta en 1953. La Segunda sinfonía fue comisionada por un grupo de refugiados checos que vivían en Cleveland. Compuesta y estrenada en 1943 pertenece a una época en la que Bohuslav había tomado ya una postura claramente conservadora ante las vanguardias sonoras. El mismo dijo sobre la obra que nos ocupa: “Ningún músico ve su ideal en crispar los nervios de sus escuchas. El resultado sería negativo, no positivo. Por supuesto no intento excluir de mi obra algún concepto dramático. Mi segunda sinfonía es una obra llena de paz, lírica. Me parece que no se necesita la expresión profesional y técnica de la tortura; lo que necesitamos más bien son pensamientos ordenados, expresados con calma”.

Así pues resulta muy interesante el programa que Paavo Järvi nos propone en el cidí que nos ocupa. Siendo el mismo un emigrado nacido en la tierra de Arvo Pärt, Erkki-Sven Tüür, Lepo Sumera y Eduard Tubin: Estonia. Se ha formado en Estados Unidos y ha dirigido a muchas orquestas ahí mismo, así que le debe resultar próximo el sentimiento de añoranza que los dos checos reflejan en su música. Al frente de la Orquesta de Cincinnati está logrando que está orquesta tome un lugar prominente en la escena norteamericana. Le llueven los premios, y escuchamdo está reciente grabación resulta fácil percatarse del porque.

Versiones de referencia: siendo la obra de Dvořák una de las más grabadas del repertorio sinfónico son demasiadas las grabaciones que se encuentran. Si usted quiere un color local, pues Karel Ančerl al frente de la Filamónica Checa es buena opción (Supraphon). Mi favorita es la de Kirill Kondrashin al frente de la Filarmónica de Viena (DECCA). Apreciada y con un sónido excelente para hoy día: Rafael Kubelik, Filarmónica de Berlín (DG). De Martinů hay un fantástico albúm triple con las seis sinfonías en Supraphon, dirige Václav Neumann a la Filarmónica Checa. El padre de Paavo, Neeme Järvi también grabó las seis sinfonías (BIS). Está grabación es cara en nuestro país pero está excelentemente grabada. Hay más versiones en el mercado que son difíciles de conseguir, por lo que no dudamos en afirmar que al menos en el caso de Martinů esté nuevo CD de Telarc se convertirá pronto en una grabación de referencia.

Aquí una edición promocional sobre la Deutsche Kammerphilharmonie, dirige Paavo Järvi. Suena super energético:

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  1. Rodolfo Zentella Mayer
    mayo 20, 2008 en 6:10 am

    Miguel Angel:

    Me encantó la idea de este blog y su formato. Es un verdadero regalo para quienes difrutamos de la música clásica, porque además de notas interesantes sobre la vida, anécdotas y obra de los compositores e intérpretes, encuentra uno imagenes y sonidos que nos transportan a la sala de concierto. Felicidades por esta nueva forma de difundir la cultura musical, que espero sea de larga duración.

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