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Videojuegos clásicos

image001.jpgPacman, Space Invaders, Mario Bros, Asteroids, Ping Pong. ¿Quién, nacido después de los 70, no recuerda el audio que acompañaba a estos primeros videojuegos? En sólo dos décadas la industria está abandonando los monótonos bips y blips que nos acompañaban mientras salvábamos al mundo o comíamos pastillitas incesantemente, huyendo de fantasmas sin ninguna finalidad aparente. Las historias y gráficas de los videojuegos contemporáneos se han sofisticado sensiblemente. Su música también. Por primera vez las bandas sonoras de algunos videojuegos (Halo 2, Final Fantasy) están vendiendo decenas de miles de copias.

La industria se está dando el lujo de usar piezas exclusivas de super estrellas de rock o hip-hop en sus nuevos juegos. Hay piezas que aparecen primero en videojuegos, convirtiéndose posteriormente en éxitos radiofónicos.

La tendencia ha llegado a la música orquestal, principalmente por la vía de afamados compositores de música para cine. En la gráfica que acompaña está nota vemos una escena de Mario Bros. en pantalla. Debajo de Mario está la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles tocando la música del videojuego. Y es que con presupuestos que cientos de miles de dólares para producir la banda sonora, los estudios se pueden dar el lujo de contratar a Danny Elfman o Howard Shore para componer música original, además de pagar coros y orquestas profesionales. Pero también se han dado casos inversos como el de Michael Giacchino, quien a partir de la música que compuso para el videojuego Medal of Honor atrajó la atención de Hollywood. Posteriormente le fue comisionada la música para la película animada Los Increíbles. Recuerdo que la primera vez que jugué Medal of Honor me quedé un rato escuchando la música, que me recordaba un poco a Bruckner y también la obra de David Arnold para el documental televisivo acerca de la segunda guerra mundial El Mundo en Guerra.

El detalle que permiten el poder de cómputo de las nuevas consolas es, en algunos casos, sorprendente. Ya no hablamos de cambios abruptos de música según cambia la escena, sino de cambios sutiles en la orquestación y el dinámica, lo que permite enfatizar determinadas atmósferas. Músicas ciertamente interactivas. Los entornos gráficos misteriosos, fantasmagóricos son los que han aprovechado mejor las posibilidades de la música orquestal.

Algunas compañías que desarrollan videojuegos están cobrando dimensiones de gran estudio cinematográfico. Por ejemplo, el año pasado al salir a la venta el videojuego Halo 2 vendió más el primer día (125 millones de dólares) que cualquier película en la historia del cine el día de su estreno. Anteriormente los estudios televisivos producían mucha música original (y no me refiero al arreglo de un tema de Beethoven, la marcha de Las ruinas de Átenas, que es el tema de El chavo del ocho). Actualmente los presupuesto para música orquestal son cada vez más escasos. Pero la industria del cine sigue produciendo mucha música original. Sorprendentemente los videojuegos utilizan cada vez más sonidos de instrumentos tradicionales de la orquesta. Claro, esto sigue siendo un nicho pequeño del mercado, dominado mayoritariamente por la música electrónica, el rock y el hip-hop.

No deja de sorprenderme el giro tan inesperado que ha tomado el negocio de la musicalización. Un compositor recibe en promedio entre 700 y 1500 dólares por minuto de música compuesta para un videojuego (cifra de un estudio promedio norteamericano). Si el encargo es una partitura orquestal el sueldo suele ser mayor. Algunos videojuegos recientes tienen una hora o más de música original así que haga las cuentas amable lector. Cuando niño recuerdo algunas series televisivas con música orquestal impresionante. Mi favorita de todos los tiempos, Viaje a las Estrellas (Star Trek). Aún tarareo ocasionalmente la melodía de los créditos iniciales, con sus coros y su intención llena de energía señalando hacia el futuro de la humanidad. Esa fue la primer música orquestal que me dejó una huella profunda, antes de mi temprana afición por Wagner y Debussy. El purista seguramente afirmará que toda esa música es basura, sin la necesidad siquiera de escucharla. A mi me anima pensar que puede ser el primer contacto que mucho niños tengan con la música orquestal, y que a muchos les puede despertar el interés por explorar tonalidades y timbres parecidos más adelante. El problema que muchos plantean alrededor del mundo ¿cómo mantendremos viva a la orquesta y la sala de concierto en el siglo XXI? Más aún ¿cómo construiremos nuevas audiencias? En mi opinión, cualquier ayuda se agradece.

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