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Cien años de… Samuel Beckett

Samuel Beckett en un café de Par�sSamuel Beckett nació el 13 de abril de 1906, y en Irlanda se han dispuesto para celebrar a una de sus mayores figuras literarias con un festival de un mes. Claro, no esperamos que pongan énfasis en el hecho de que Beckett se fue a Paris en sus ‘30 y escribió la mayor parte de su obra en francés.

La presencia de Bono (vocalista del grupo rockero irlandés U2) en la inauguración y los comentarios de un respetado disc jockey radiofónico de aquellos rumbos, que compara la actitud de Beckett hacia la fama mediática con la postura del “punk” setentero pueden hacernos olvidar la profunda influencia de Beckett entre muchos compositores –de música clásica- del siglo XX. Y no solo por las incontable puestas en música de sus textos, sino por sus propuestas escénicas, que serán inspiraciones para tantas partituras contemporáneas donde se pide a los músicos, en mayor o menor medida, que actúen (y no me refiero al director de orquesta gritándoles “hagan algo”).

Por muchas razones, Beckett no deja de sorprender. La escenografía y utilería que solicita puede en más de un sentido anticipar la austeridad minimalista. Uno de los espectáculos montados en este homenaje que ha tenido mejor respuesta es la presentación de un guión televisivo de 1965, Eh Joe, obra ignorada generalmente en las puestas de Beckett. Usted, amable lector, conoce la afición de Beckett por el monólogo. Está pieza lleva la idea a un momento que John Cage envidiaría: el personaje principal no dice un palabra. Se sienta en una cama y durante una media hora escucha la voz grabada de una mujer. Las reacciones faciales que se esperan a lo largo de la grabación hacen que está pieza exija una concentración suprema por parte del actor.

Mucho se ha dicho que Esperando a Godot goza de un auge cada vez mayor entre los jóvenes. Y es que entre Generación X y Nación Prozac es claro que estamos esperando a que la vida llegue y, parece, no acaba de llegar. Sin embargo, sus aportaciones a las estética del siglo pasado van más allá de su increíble capacidad para proyectar sentimientos complejos e inaprensibles en un lenguaje sencillo. La musicalidad del lenguaje en Beckett es un aspecto que fascina a muchos músicos aún hoy día.

El indispensable irlandés es importante para la difusión de la poesía latinoamericana: Beckett tradujo al inglés en 1958 la antología de poesía mexicana que había sido editada por Octavio Paz).

Pronto comentaremos en está páginas algunas de nuestras obras favoritas inspiradas por Beckett, entre ellas un cuarteto de cuerdas de Morton Feldman, otro cuarteto de Philip Glass, además de música de György Kurtág y Heinz Holliger. Por lo pronto es necesario realizarle el homenaje que merece: leerlo.:DM:.

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