Centenario de Benny Goodman
Benny Goodman cumplió cien años de nacido este 30 de mayo. El “Rey del Swing” es considerado, entre otras cosas, como el realizador del concierto de música popular más importante de la primera mitad del siglo XX (para algunos incluso de todo el siglo): el del Carnegie Hall el 16 de enero de 1938. En aquellos tiempos el jazz era considerado música de fiesta, sin un valor artístico o estético perdurable.
Para entender mejor esto, tengamos presente la apreciación que del techno tiene mucha gente hoy día. Digamos que a inicios del siglo XX no era muy distinto el papel del jazz. Música para la fiesta, para ir a bailar o para el romance, y nada más. Goodman cambió eso para siempre.
Él ya había comenzado a grabar desde 1926 con la orquesta de Ben Pollack y bajo su propio nombre dos años más tarde. En esa época recordemos que no había sonido estéreo y mucho menos Lp’s de 10 o más cortes. El jazz se grababa normalmente como discos de un solo lado y una sola canción. Eran famosas las tiendas que vendían esos discos de a centavo. En la primera década como artista activo Goodman grabó lo mismo con Teagarde, Schutt o Wilson, que con Krupa o Hawkins. Incluso las dos primeras grabaciones de Billie Holiday fueron con Goodman, pero esos discos que hoy son considerados obras maestras en aquel entonces no eran considerados más que piezas pop desechables.
El “patriarca del clarinete” tuvo una carrera vertiginosa en los 20 pero fue la inclusión de los arreglos de Fletcher Henderson para ser interpretados por su propia banda lo que le dio proyección en NY. Goodman logró usar los arreglos y los talentos de la banda de Henderson por muy poco dinero ya que los agarró ahorcados por la gran depresión del 29. Con ello Goodman pudo llevar la sensibilidad del mejor arreglista y la mejor banda negra a un público que normalmente no escucharía a músicos afroamericanos.
A lo largo de la década del 30 Goodman incluyó a músicos negros en sus distintas agrupaciones, algo que en la época era muy arriesgado. De hecho no podía presentarse en los estados sureños pues sería encarcelado por violar las leyes de segregación que imperaban en aquellos tiempos. Esto lo hizo Goodman diez años antes de que el primer negro, Jackie Robinson, pudiera jugar en un equipo de beisbol de las grandes ligas (hay que decir que en la integración racial en los deportes, la Liga Mexicana de Beisbol jugó un papel importante, pero esa historia se las contaré en otra ocasión).
Así seguía el “estadista del swing” su carrera cuando en 1934 comenzó a tocar en vivo en un programa de radio de la NBC: “Let’s Dance”. Este programa le daría una proyección enorme, pero del otro lado del país, en California. Es ahí donde en unas sesiones en el Palomar de Los Angeles en 1935 se considera el inicio de la era del swing y las grandes bandas como un fenómeno de masas.
Esto nos lleva al concierto en el Carnegie Hall. El momento en el que Goodman quería reinventar la orquesta de jazz. Es la época en la que tiene por un lado los arreglos de Fletcher Henderson, considerado por Mel Powell una especie de músico “clásico”, engañosamente sencillo, simple en un sentido mozarteano. Por otro lado, estaban los arreglistas Mel Powell y en especial Eddie Sauter. Powell ganó un Pullitzer por su música de concierto en 1990, y es el mismo quien describe a Sauter como alguien que podía hacer sonar a la orquesta de jazz como un ensamble totalmente nuevo: podía iniciar con el riff más convencional, de ahí pasar a un paisaje impresionista más cercano a Ravel o Prokofiev que al jazz y de ahí al blues. Anticipa el bebop y el jazz avantgarde de Stan Kenton y Woody Herman, pero al mismo tiempo no deja de funcionar en la pista de baile.
Es en se contexto se realiza el concierto en el Carnegie Hall, con los 2,760 lugares vendidos con semanas de anticipación. ¿Por qué es tan importante? Porque fue la primera vez que público “educado” que iba a escuchar aceptó que el jazz no era sólo para borrachos o drogadictos que bailaban desaforadamente (otra vez, es muy fácil entender ese momento haciendo paralelo con la percepción que del techno tiene la gente con gustos más conservadores o anacrónicos hoy día). Ese concierto permitiría que infinidad de formas de música popular del siglo XX aspirasen a un reconocimiento por su valía estética y ya no fuesen considerados tan sólo música desechable.
Muchas veces me han dicho que en el fondo fue sólo llamarada de petate, ya que el auge de las grandes bandas no duraría más que unos tres años más después de este concierto. La historia es mucho más complicada. En verano de 1942 comenzó una huelga del sindicato de músicos contra las grandes disqueras, la cual duraría dos años y medio. Ese periodo tan prolongado sin nuevos discos fue lo que termino con el auge de las grandes bandas.
Además de su prominencia en el swing, Goodman grabó, y comisionó, muchas obras de música clásica para el clarinete. Mozart, Bartók, Copland, Stravinsky, Weber, Nielsen, Debussy y Brahms son algunos de los compositores grabados por el “rey del swing”. Sírvanos su centenario como excusa para revisar su extensa y variada discografía.
