La bomba atómica… en la ópera

31 07 2008

Ayer releí uno de los libros que me gustan sobre la segunda guerra mundial: Germany’s Secret Weapon of WWII de Roger Ford. Siempre que leo ese libro me pregunto que habría ocurrido si Hitler hubiese tenido la bomba a tiempo.

También me pregunto como fue el ambiente de trabajo para su desarrollo durante la existencia del famoso proyecto Manhattan. John Adams ha compuesto la música de Doctor Atomic, ópera que narra los días previos a la primera detonación de una bomba atómica el 16 de julio de 1945 en Alamagordo, Nuevo México.

Si usted, amable lector, está acostumbrado al ritmo de la ópera convencional decimonónica y espera una trama con momentos dramáticos predecibles, además de claros momentos de lucimiento para soprano y tenor… pues esto no es para usted.

Es una especie de cuesta arriba de la ansiedad que culmina en los momentos cercanos a la detonación. Obra de tensión continua e intensa. Sin embargo Adams se las arregla para sonar variado a pesar de ser uno de los representantes más populares del minimalismo norteamericano.

Ha sido interesante seguir las variaciones de la ópera desde su estreno en el 2005. Para quienes creen que las obras maestras de la música clásica son obras cerradas y perfectas desde su concepción, es bueno recordar que muchas obras fueron modificadas por sus compositores para adaptarlas a distintas condiciones de interpretación o de plano al gusto del público de una ciudad distinta. Notando los cambios en el final que Adams ha ido realizando se nota como no está satisfecho con las soluciones que ha implementado hasta ahora. No es fácil de resolver el problema tomando en cuenta que la obra en general no tiene respiros, sino pura inquietud creciente.
Aquí el momento del conteo final antes de la explosión. Está es al versión con la producción de Peter Sellars, la Orquesta Filarmónica de Holanda y Gerald Finley como Oppenheimer:





Portada, otra vez.

31 07 2008
En la madre... nodriza

En la madre... nodriza

Los dos ejemplo anteriores de portadas polémicas (al menos para mi) han mostrado distintas escuelas de diseño (Portada Holst, Portada Alpert). ¿Qué decir de está?

Rimsky-Korsakov compuso Sherezada en 1888. En esas misma época compuso la Obertura a la Pascua Rusa y el Capricho Español. Al año siguiente Debussy escucharía Sherezada en París. Se dice que lo impresionó enormemente el sónido del ruso y su tratamiento del tema marino. Debussy no perdería de vista esto 15 años más tarde en su La Mer.

La fuente de inspiración son Las mil y una noches, aunque seguramente RK las leyó en la edición francesa o inglesa, porque la historia de los siete viajes de Simbad no está incluida en la versión persa original. La obra resultó novedosa tanto por su forma de “suite sinfónica” como por su elemento cíclico.

Pero bueno, en realidad quería compartir con ustedes la portada de esta grabación. Podría parecer desafortunadamente “psicodélica”, pero la idea de un disco de 33 1/3 revoluciones por minuto como alfombra mágica para viajar a tierras lejanas… la adoro.





Música usada para torturar podría generar derechos de autor.

27 07 2008

La publicación de izquierda norteamericana Mother Jones publicó en marzo una serie de notas sobre la tortura en las prisiones de Guantanamo e Irak. Resulta que a partir de un reporte filtrado a la prensa y entrevistar a varios veteranos, la publicación compiló una lista de canciones frecuentemente usadas en estas prisiones como tortura (si tienen tiempo y les interesa el tema, revisen el extensísimo reportaje sobre un veterano. Lejos de los excesos de nuestro discurso político, retrata al militar en su dimensión humana, sin el exceso blanco-negro). La lista original (en inglés) está aquí.

El tema de Barney y la pieza de Christina Aguilera me parecen ejemplos de la crueldad infinita que han logrado los norteamericanos en cuanto a la tortura. Sin embargo, no son perfectos. ¿Quieren lograr resultados óptimos?
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Señor crítico: hable claro, por favor.

25 07 2008

If you can’t say it clearly, you don’t understand it yourself.

John Searle, filósofo.

Escribir acerca de las artes nunca ha sido fácil. O quizá lo contrario es cierto. Es muy fácil escribir y decir sinsentidos ligados ad infinitum acerca de las artes y hacer pasar la verborrea por un discurso “profundo”. Leyendo el blog de la artista plástica Carol Diehl, que me divierte mucho, encuentro un comentario sobre los textos de presentación para la más reciente bienal del Museo Whitney (una de las más importantes en el mundo del arte contemporáneo.

Los ejemplos que cita son verdaderamente fantásticos, dignos de Cantinflas en su mejor momento. Pero las carcajadas cesan cuando uno piensa en la escena del periodismo cultural nacional. En el caso específico de la música clásica, suele oscilar entre lo descarado y lo vergonzoso. En el primer caso, he leído artículos enteros, por ejemplo sobre ópera, mal traducidos de notas del Opera News o Fanfare, pero firmados como propios por algunos aquí. Por el otro lado, sea en la prensa o en la radio, no deja de sorprenderme quien dice de tal o cual disco/artista/obra que es muy bonita, o ya de plano si en enunciador pretende una mayor sofisticación, que es profunda y hermosa.

En una ocasión me toco colaborar con una conductora que decía exactamente lo mismo de toda la música que presentaba. Que si su relevancia, que si su sinestesia, que si su profundidad… después de unos cientos de obras lo único que le quedaba a uno claro es que toda la música es exactamente igual. Y yo me pregunto ¿no es lo contrario lo que hace maravillosa la historia de la música clásica?

En el siglo XIX y buena parte del XX los críticos de arte solían escribir clara y concisamente. No sólo se les entendía sino que era un placer leerlos. Tenía que ser así porque estaban interesados en volver accesibles formas artísticas que frecuentemente eran recibidas con hostilidad por el público más amplio. Cuando uno lee a muchos críticos recientes, no sólo en México, uno se pregunta si les gusta aquello de lo que están hablando y si tienen algún aprecio por el público.

En fin. Para intentar salvar al mundo antes de su inminente colapso, sugiero lo siguiente a editores y productores por igual: prohiban a sus talentos utilizar las palabras “profundo”, “revolucionario”, “hermoso”, “bonito” y si es publicación juvenil la expresión “está bien chido”. Quizá con esto obliguen a sus escritores/locutores a pensar un poco lo que están diciendo. Quizá.





Otra vez videojuegos… y Chopin.

7 07 2008

 

Chopin

Chopin

En su lecho de muerte el famoso compositor Chopin se encuentra entre este vida y la siguiente. En sus horas finales padece un sueño fantástico donde encuentra a una joven enfrentando un destino terrible y el muchachito que luchará por salvarla. En el linde del sueño y la realidad Chopin descubre la luz que brilla en todos nosotros en esta duradera historia sobre el bien y el mal, el amor y la traición. 

No estoy transcribiendo la contraportada de una biografía, o novela, nueva sobre Chopin sino la descripción de un videojuego diseñado por Namco Bandai: Eternal Sonata. Un RPG (juego de rol) para la consola Xbox360º que ya me dieron muchas ganas de probar, más aún porque el villano a derrotar es el malévolo Count Waltz. El vals siempre me ha resultado insoportable, digan lo que digan los apologetas del ritmo de 3/4. Hay quien nace para chambelan, hay quien no. ¿Hay algo mejor que desperdiciar incontables tardes, hasta descomponer los controles, con tal de vencer al malvado conde Vals?

Son más de diez personajes los que podemos controlar para acabar con los malos Cada uno tiene poderes distintos y su propia influencia musical. Los nombres de los personajes son obvios: Alegretto, Chopin (en la gráfica), Claves, Marcha, Polka… ¿de dónde salió Salsa? Bueno, hay que recordar que todo pretende ser producto de un delirio del compositor.

Los dejo con Vladimir Horowitz interpretando uno de los preludios usado prominentemente en el juego, el número 15 en re bemol: