La denominación Impresionismo deriva, en su dimensión pictórica, de este cuadro de Monet, titulado Impression, soleil levant. El crítico Louis Leroy comenzara a aplicar el epíteto a todo un grupo de pintores. Debo de confesar que siempre he sentido interés por explorar todo lo que paso justo un siglo antes de que yo naciera. Tal es el caso de este cuadro, que se pintó en 1872. Desviándome como acostumbro, ese año nacieron Alexander Scriabin, Ralph Vaughan Williams y Hugo Alfvén.
Bueno, la cuestión es que la denominación Impresionista, ampliamente aceptada en pintura, es más polémica cuando se aplica a la música. Uno de mis primeros compositores consentidos, Claude Debussy, suele señalarse como la quintaesencia del impresionismo musical. Pero el mismo Claudio, en una carta de 1908, dice:
Lo que yo intento hacer es “algo distinto”, un efecto de la realidad, lo que los imbéciles llaman impresionismo, un término que suele usarse del peor modo posible.
¡Qué gusto tienen los artistas por llevarle la contra a los pobres críticos! Me recuerda a Philip Glass cada vez que hace berrinche porque le llaman “minimalista”. Neoclasicista, aclara él. Como si sirviera de algo la aclaración…
Una de las primeras piezas de música clásica que recuerdo, el claro de luna de Debussy. Tercera parte de la Suite Bergamasque, solía ser la identificación musical de una estación de AM. Durante toda mi infancia, mi radiecito de pilas era el compañero perpetuo, así que recuerdo con mucho cariño la pieza.
Aquí una versión para piano y violín (la original es para piano sólo) nada más con David Oistrakh al violín: