El pasado día 22 falleció el actor australiano Heath Ledger. Creo que su caracterización como Ennis del Mar en Brokeback Mountain le garanztiza su lugar en ese tan gustado panteón del imaginario moderno: vivió muy rápido y muy poco. Hace un par de años comentaba una banda sonora de total relevancia para estas páginas. Reproduzco el comentario sobre esa película
Feministas, sibaritas, filósofos y fornicadores combatidos a muerte por la burocracia conservadora. No hablo de un servidor y sus cuates vs. alguna asociación de padres de familia. Es la iglesia italiana del siglo XVIII contra Casanova, que de alguna manera condensa al menos tres de los cuatro atributos señalados. Por alguna razón no resulta chocante hoy día considerar a un aventurero, bebedor y mujeriego con un hombre de valía. El público parece identificarse más con este proto-007 (encarnado por el reciente Marlboro Country Gay Heath Ledger) que con las patéticas autoridades eclesiásticas personificadas por el obispo Pucci (Jeremy Irons).
Afortunadamente Lasse Hallstrom abandono su reciente factura impecable pero poco excitante a favor de un tono fársico para nada lejano a la ópera buffa italiana. Nos evita la simplista (y en ciertos excesos recientes, aburrida) fidelidad histórica. Por ejemplo, el uso de las poco confiables Memorias de Casanova es mínimo. A partir del personaje los guionistas Kimberly Simi (sigo investigando si tiene alguna relación con el enigmático ¿malévolo? Doctor) y Jeffrey Hatcher escriben un guión muy a tono con la comedia ligera contemporánea del personaje protagónico, como la del igualmente veneciano Carlo Goldoni. Lo que pudo haber sido una épica histórico biográfica con trajes recién hechecitos se convierte en algo que bautizaré como spaghetti-musical-action-venetian-western. El Casanova que vemos aquí es muy distinto del decadente nostálgico Donald Shuterland, el aún más decadente y nostálgico Marcello Matroianni o el deliciosamente perverso Geoffrey Rush. Por desgracia es un Casanova que termina enamorado y enderezado, pero es defecto menor y perdonable de la película, que no de la realidad.
Siguiendo con la analogía culinaria, si usted gusta un buen pesto sobre unos retorcidísimos eliches, está historía llena de giros cumplirá a cabalidad. Si usted prefiere unos rectos fideos con jitomates pelados Sin Complicaciones, pues el guión le puede resultar indigesto. Entre juicios, duelos, persecuciones y huidas vemos la eterna lucha entre la represión religiosa y el deseo de liberación sexual, entre la pureza de ánimo y la hipocresía, entre la Inquisición y los que solo quieren divertirse. Si bien no pretende mayor profundidad no carece de momentos graves. A nadie le hace gracia ver autoridades religiosas persiguiendo las muestras de vitalidad con tortura y muerte. Sexy sin llegar a la vulgaridad la película tiene un eje fundamental que obliga su presencia en nuestras páginas: su peculiar banda sonora.
Quién la vea no podrá evitar esa sensación de haber escuchado antes la música, pero no exactamente así. Lo que ocurre es que frente al dilema de comisionar música original o utilizar partituras de época la solución fue original por lo menos: utilizar fragmentos de obras originales pero hilvanados a modo de crear una especie de collage. El que está aproximación atrevida se lograse en un medio tan poco dispuesto a arriesgar como el de Hollywood es función de varios factores. Lasse Hallstrom obtuvo una sólida formación musical en su nativa Suecia. Una de sus primeras películas se desarrollaba en el mundo de la ópera. El estudio que produjo la cinta, Touchstone Pictures, quería una banda sonora original. Hallstrom y su equipo tenían dudas, así que la filmación comenzó sin que estuviese decidido el apartado musical.
En Venecia durante la filmación el editor Andrew Mondshein comenzó a experimentar con fragmentos de Vivaldi y Albinoni. El consenso apuntó hacía la ópera buffa de la época, siendo ese el espíritu que transparentaba la película. Sin embargo, el uso de música demasiado familiar no pareció del todo apropiado, por lo que se contrató a un editor musical especializado, Roy Prendergast.
Este realizó una selección de números orquestales de varias óperas de la época, principalmente del francés Jean-Philippe Rameau. También escogió música de Giovanni Paisiello, Arcangello Corelli, Leonado Leo y Francisco Durante, aparte de los obvios Vivaldi y Albinoni. De España tomo música de Soler y de Suecia de Johann Helmich Roman. Al final Prendergast generó sesenta minutos de música cortando y pegando de entre las partituras seleccionadas. Es decir, aparte de un fragmento de Telemann y otro de Händel que aparecen en su forma original, toda la demás música barroca es una especie de cadáver exquisito. Adicionalmente el compositor francés Alexandre Desplat compuso algunas piezas adicionales en el estilo de la época, principalmente para los momentos más íntimos.
Finalmente se ensambló un conjunto de 40 músicos especializados en la interpretación barroca con instrumentos de época y se grabó la totalidad de la banda sonora “original”.
El resultado es fascinante. La intención de Hallstrom no era simplemente duplicar la acción en el plano musical como se acostumbra tanto en las bandas sonoras recientes. Según el mismo su intención era agregar ironía, color o sombras sobre la imagen. Por esta razón se decidio mezclar la música como si fuese otra voz y no música de fondo.
Por un momento se pensó en incluir música de Mozart, pues es leyenda conocida que el salburgués consulto a Casanova mientras componía Don Giovanni. Esto nunca se ha comprobado pero hay mayor consenso respecto a la asistencia del mítico seductor al estreno de dicha ópera mozartiana. A pesar de la cercanía en el tiempo Pendergast no encontró ninguna selección funcional. Es radical el cambio que la música de Mozart presenta frente a obras apenas unos 30 años anteriores a su obra. De ahí que finalmente Mozart no se haya incluido en la banda sonora final.
Los puristas seguramente se rasgarán las vestiduras ante el cópula de fragmentos de autores diversos. Sin embargo estoy seguro que la exposición que logra la música barroca a lo largo de la cinta generará más de un converso. Para quienes se quejan del perpetuo encogimiento del público de la música clásica esto no puede ser mas que una buena noticia.
Dirige: Lasse Hallstrom; escriben: Kimberley Simi y Jeffrey Hatcher; fotografía: Oliver Stapleton; edita: Andrew Mondshein; Actúan: Heath Ledger, Sienna Miller, Jeremy Irons, Oliver Platt, Lena Olin, Charlie Cox y Omid Djalili.