Wagner: Tristán e Isolda

18 04 2007

Definitivamente una de las grabaciones más esperadas en los últimos tiempos. Y es que a sus 64 años y cerca del retiro Plácido Domingo nos ofrece una obra de referencia indispensable dentro de la ópera alemana. Para muchos marca el inicio de la modernidad musical por su uso de la disonancia y su modo de crear tensión con un acorde que no se resuelve.

Ópera polémica en su tiempo, que retrata cada matiz del amor sexual y cuyo segundo acto es prácticamente un dueto de amor que va de lo más intimo y tierno a lo profundamente erótico. Y es que Wagner en cuestión de pasiones tenía experiencia de primera mano para hablar concibió la idea, según su autobiografía, debido a un intento fallido de su amigo Kart Ritter de dramatizar la leyenda original.

Era la época en el primer matrimonio de Richard había naufragado y comenzaba la compleja relación con la esposa de su mecenas de aquel entonces: Otto Wesendonck. Matilde Wesendonck tenía 24 años. Mucho se ha comentado la desagradable naturaleza de Wagner. Robaesposas, destrozahogares, mentiroso, traicionero, defraudador, megalómano, son solo algunos de los epítetos que alegremente se le cuelgan, más cuantiosos que milagritos de santo milenario. Sin embargo, siendo un poco justos con la historia y con la naturaleza humana en general, hay que decir que el nombre de la señora Wesendonck le fue impuesto por su marido.

Matilde era el nombre de la primera mujer de Otto. Al fallecer ésta, obligo a su segunda esposa a llevar el nombre de la primera. Una hermana mayor, del mismo nombre, y que era una especie de madre sublimada, añade tenebrosidad al asunto. En una época previa a la terapia de grupo y sin Freud, Lacan ni nadie del estilo para ayudarnos imagine usted, amable lector, el escenario. Wagner confesó a su amigo (y posterior suegro) Franz Liszt que erigiría un monumento a los sufrimientos que los amantes contrariados tienen que afrontar. Dicho monumento es Tristán e Isolda. La obra no se parece en demandas a otra ópera contemporánea de esta: Die Meistesinger von Nürnberg. Mientras está comedia requiere coros en cada acto, cientos de extras y diecisiete papeles principales, Tristán sólo tiene seis personajes principales -siendo la participación de dos de ellos muy pequeña-, un coro al final del primer acto y una escenografía mínima. La orquesta solicitada en la partitura es de tamaño normal, no como esas dotaciones gigantescas que Wagner pide en otras obras. Sin embargo, las imposiciones técnicas tanto a instrumentos como a voces son inusitadas para la época. Wagner llevó el cromatismo a un extremo no visto antes en la música occidental, y los protagonistas que dan título a la obra tienen intervenciones tan largas y complicadas que es una proeza atlética el interpretarlos.

Esto último hay que enfatizarlo respecto a la importancia de la grabación que nos ocupa, y que estoy seguro será llamada “El Tristán de Domingo”. ¿Por qué?. Es decir, todos los actores en esta ópera intervienen impecablemente (ingenieros de grabación incluidos), pero seamos honestos: ¿qué otro tenor contemporáneo podría convencer a su casa disquera de invertir un millón de dólares en grabar una ópera que no será puesta en los escenarios?. Mucho se habla en los medios de la música de concierto que está puede ser la última grabación de una ópera en la que se invierte tal cantidad. (Chisme adicional: el salario de Domingo como director de la ópera de Los Ángeles es de casi 600,000 dólares, además de los 450,000 que recibe por la Ópera Nacional de Washington).

Los admiradores de Domingo y de Wagner por igual tienen gran razón para alegrarse por este “testamento”. Ha interpretado los papeles de Sigfrido, Parsifal y Tanhäuser. Muchos le habían querido escuchar como Tristán, pero Domingo prefirió declinar la cita con un papel que no le habría permitido lograr lo que ningún otro cantante en la historia de la ópera: dominar más de 120 papeles con una condición y dominio envidiables. No dudo que habrá quienes acusen que es “hacer trampa” el grabar Tristán en sesiones que abarcaron seis semanas. A ellos hay que recordarles que una de las grabaciones más veneradas de esta ópera, la de 1966 en Bayreuth con Nilsson y Windgassen, dirigida por Böhm, fue grabada a razón de un acto por día. Escuchando la sólida voz de Plácido dudo que se hubiese detenido la grabación cada veinte frases para darle oxígeno. Su voz sigue siendo inconfundible. Además su larga experiencia le permite afrontar un papel que se presta a los excesos histriónicos con una mesura que convence y conmueve. Hay que decirlo de una vez: el trabajo de Pappano y de los ingenieros resulta increíble, pues no hay modo de adivinar que la grabación se realizó en un periodo tan extendido y con tantas sesiones de por medio.

Por otro lado Nina Stemme es una joven ya reconocida en el complicado mundo de la ópera wagneriana. Ha interpretado a Isolda en varias producciones recientes (Estocolmo y Glybdebourne) además de haber cantado el papel en el templo último: Bayreuth. Grato resulta su tono femenino, no tan “violento” o “heroico” como los de Nilsson en la grabación de Böhm ya mencionada o Flagstad en la celebre versión de Furtwängler. A Mihoko Fujimura se le ha visto haciendo el papel de Susuki en ya varias producciones. Aquí está encargada de interpretar a Brangäne, mientras que Olaf Bär hace Kurwenal. Ambos tienen voces con presencias más ligeras que los protagónicos, cosa que ha molestado a algunos. A mí me gusta el equilibrio que se logra, pues en otras dos grabaciones que poseo siempre me ha resultado molesto confundir las voces de las dos sopranos, que aquí están claramente diferenciadas. Réne Pape como el rey Mark logra afrontar excepcionalmente uno de los momentos más anticlimáticos en la historia de la música: el largo monólogo que le corresponde al final del segundo acto.

Y last but not least, el mismísimo Rolando Villazón, quizá el mexicano más notado en la escena mundial hoy día, hace el papel del joven marino, personaje que por cierto es el primero en aparecer vocalmente. (Pronto comentaremos su más reciente albúm, el tercero ya en su carrera.

El sonido de la orquesta del Covent Garden es fantástico, además de estar registrado con una claridad digna del estudio Abbey Road. Después de escuchar un par de veces y comparar con otras grabaciones de la misma obra, sentí mucha curiosidad por la perspectiva del sonido. Investigando encontré que las voces fueron colocadas en medio de la orquesta para realizar está grabación.

Esto nos ofrece un balance imposible de lograr en una grabación convencional, mucho menos una en vivo. A los tres cidís contenidos en la caja se añade un DVD que incluye el audio completo en formato 5:1, además del libreto integro en forma de subtítulos. Por si fuera poco, se incluye el libreto en un “librito” de más de 250 páginas, con algunas ilustraciones muy atractivas. Mis favoritas: un par de grabados del siglo XIII (contemporáneas del autor del poema original, Godofredo de Estrasburgo) con escenas referentes a Tristán.

Los amantes que conforman Tristán e Isolda tienen una dimensión universal, y un destino trágico, que no le pide nada a Hamlet y a Ofelia, mucho menos a Romeo y Julieta. Y está grabación es altamente recomendada para los amantes de Wagner, de Domingo, de la música. Para todos los amantes pues versiones de referencia: las ya mencionadas de Böhm en Deutsche Gramophon la monoaural de Furtwängler en EMI, la de Karajan en EMI con John Vickers y Helga Dernesch. Otra grabación de estudio es la de Baremboim con Siegfried Jerusalem y Waltraud Meier en Teldec. Naxos en su serie histórica tiene una grabación de 1936 con Lauritz Melchior y Kirsten Flagstad (la misma que haría a Isolda casi 20 años después con Furtwängler). Imaginaran ustedes que el sonido en apenas aceptable, pero para muchos Lauritz Melchior es simplemente el mayor tenor wagneriano de todos los tiempos. Por ultimo, la grabación que nos ocupa está dedicada a la memoria de Carlos Kleiber. Pues hay una versión dirigida por él con René Kollo y Margaret Price en Deutsche Gramophone.





Descargas clásicas

2 04 2007

Algunos actores en el mercado de la música clásica no dejan de quejarse: “el iPod está matando a la industria disquera”. Y es que la posibilidad de encontrar millones de discos y descargarlos de forma gratuita, e ilegal, genera maldiciones sinfín a las distintas herramientas, formatos e implicados en la distribución digital de archivos de audio. Sin embargo, es obvio que los afectados mayores son la industria de la música pop, rock y hip-hop. ¿Y la música clásica?

Definitivamente no ha sido un actor mayor en los canales de distribución digital, pero eso está cambiando rápidamente. Recordemos el verano del 2005: la BBC ofreció descargas gratuitas de las nueve sinfonías de Beethoven. Esperaban unas 25,000 solicitudes. Al final, las sinfonías fueron descargadas 1,300,000 veces. Los necios siguen afirmando que los formatos digitales afectan terriblemente al negocio de la música clásica grabada. Afortunadamente hay grupos más avispados que están tomando nota e ideando soluciones que permitan seguir generando los recursos para realizar nuevas producciones y mantener vivo el nicho de mercado de la música clásica.

Warner se convirtió en la primera de las “cinco grandes” en ofrecer descargas directas desde su página. Las filarmónicas de Nueva York y Los Angeles comenzaron en marzo a ofrecer grabaciones en vivo vía iTunes. Naxos reportó que un 17% de sus ganancias el primer cuatrimestre fiscal del 2006 fueron debidas a servicios digitales. Chandos está ofreciendo sus grabaciones descatalogadas (lo que ya no se encuentra en cidí) como descarga con un modelo de precios diferente al de iTunes, pues piensa cobrar por unidades de tiempo de cinco minutos, mientras que iTunes utiliza una tarifa fija de 99 centavos de dólar por pista. Chris Robberts director de Universal, compañía que engloba a DECCA y Deutsche Grammophon dos de los sellos con catálogos más extensos de música clásica, declaró que en 2005 vendieron 7% menos CD, pero sus ventas en formato digital han ido a la alza, llegando a representar más del 10% de las ventas totales.

Se estima que las ventas de música clásica en formatos digitales aumentaron más de un 90% en el 2005. Incluso se han dado los primeros casos de álbumes con mayor cantidad de ventas por descarga electrónica que por CD. Hace pocas semanas Magnatune tuvo como número uno en ventas los conciertos para violín de Bach grabados por Lara St. John. Definitivamente es un mercado que está
creciendo a una velocidad increíble. iTunes, Napster, eMusic, Rapshody y muchos otros están ofreciendo contenidos digitales. Hay que recordar que recientemente iTunes rebasó el billón de canciones vendidas. Las
posibilidades son emocionantes definitivamente. Quienes coleccionamos discos sabemos lo complicado que puede ser conseguir grabaciones específicas. Con tirajes limitados es obvio que surja un problema de distribución. Es decir, un sello pequeño que imprima mil copias de alguna grabación no puede colocar suficientes ejemplares en los mercados de los cinco continentes. Comparemos eso con la distribución digital, que está abaratando costos de producción y distribución. Imagine que escucha una pieza en el radio, en la casa de un amigo, o que lee sobre ella en este latoso blog. Decide que la grabación tiene que ser suya. En cuanto tenga tiempo libre visitará algunas tiendas especializadas esperando encontrar la grabación. Si tiene suerte, tiempo libre para buscar y vive en alguna ciudad mayor en unos días tendrá el disco. Ahora imagine el escenario digital: escucha una pieza en el programa Referencia por el 94.5 de FM, mientras sigue sintonizando el programa visita alguno de los portales que venden música clásica. En unos minutos localiza la grabación de su interés, la paga con su tarjeta de crédito y la descarga. La música será suya, lista para comenzar a ser disfrutada.

Es obvio que aún no estamos en un escenario tan idílico. En América Latina la población con acceso a banda ancha sigue siendo poca y los precios relativamente elevados, la mayoría de los portales funcionan con tarjetas de crédito que no todo el mundo tiene y la mayoría de las fuentes se localizan en inglés. Hay muchos matices y factores que entran en juego y que iremos analizando en esta columna: formatos de compresión de audio, modelos de distribución y cobro, tipos de licencias, requisitos técnicos.

El desempeño de la música en el campo de las nuevas tecnologías es un aspecto que no podemos ni deseamos ignorar. Después de todo, nuestra publicación es posible gracias a nuestros amables lectores y a la tecnología misma.