Rudolf Bingpodrá ser recordado con poco cariño por muchos. A fin decuentas fue quien corrió a Maria Callas del MET. Afortunadamente no fue lo único que hizo. Bing era un verdadero visionario y en diciembre de 1952 intento llevar la ópera del MET a todos los Estados Unidos. Una presentación de Carmen de Bizet, con Risë Stevens en el titular y Richard Tuckercomo Don José fue transmitida via circuito de televisión cerrada a 31 teatros en Norteamérica. Ya en 1948 se había transmitido un Otello con Ramon Vinay y Licia Albanese en todo Nueva York vía televisión normal. Al año siguiente el inicio de la nueva temporada, Der Rosenkavalier, se transmitió en seis ciudades más.
Bing quería llevar la ópera a todos, y no dejaba de buscar los más modernos medios tecnológicos para lograrlo. Su producción de Don Carlo con Jussi Björling y la célebre directora shakespeareana Margaret Webster (fue la primera vez que una mujer dirigió en el Met) fue vista por unos cuatro millones de personas en nueve estaciones de televisión, gracias a un patrocinio de 100,000 dólares de Texaco.
Sin embargo la tecnología era rudimentaria, así que mientras los televidentes soportaban la escasa calidad del audio y video en su sala, era más difícil hacerlos ir a cines para contemplar las deficiencias del circuito de televisión cerrada. Bing logró un trato con Ed Sullivan, lo que le permitió presentar con regularidad artistas del MET en el show de este último, con lo que la idea de las transmisiones en vivo se fue olvidando.
Sin embargo, 55 años después del intento original, ahora podríamos estar presenciando el nacimiento de un modo totalmente nuevo de disfrutar la ópera. El 30 de diciembre de 2006 la nueva producción de Julie Taymor para La Flauta Mágica de Mozart fue transmitida en vivo, video de alta definición digital y sonido envolvente. No sólo en Estados Unidos, también en Canadá, Reino Unido, Noruega, Dinamarca y Japón. Unos 100 cines en total proyectaron en vivo el evento. Al parecer solo Burbank (California) y Jacksonville (Florida) tuvieron cortes al audio y al video.
He revisado decenas de bitácoras personales (blogs) en Internet. Comunidades que hicieron de estás proyecciones verdaderos eventos, organizándose para ir juntos desde lugares apartados. Por ejemplo, en Noruega encontré que una comunidad científica que estudia el ártico se organizo para poder ir al Verdensteatreten Tromsø para poder ver, por primera vez, una ópera del MET. Alegremente cuentan en su bitácora las complicaciones de llegar con ropa de gala, botas árticas y crampones para poder caminar en la nieve.
El evento puede ser visto incluso como una mejor experiencia que estar en el MET para muchos, ya que se incluyen charlas previas, explicaciones y entrevistas antes de la función y en los intermedios.
En total se transmitirán seis ópera en este formato durante esta temporada: I Puritani, The First Emperor, The Magic Flute, Eugene Onegin, Il Barbiere di Siviglia, e Il Trittico.
No deja de emocionarme el pensar que apenas en el siglo XIX vinieron las primeras compañías de ópera a América, trayendo las producciones de éxito normalmente con muchos años de retraso. En México las obras se conocían en transcripciones para piano, aunque frecuentemente nos visitaban compañías europeas. Muchas obras no se llegaron a presentar, o se montaron en versiones recortadas. Comparemos esto con la posibilidad de ver el estreno mundial de la nueva ópera de Tan Dun The Last Emperor en tiempo real al otro lado del mundo. Definitivamente vivimos en otro mundo.
Un mínimo de diez cámaras están planeadas para cada función, además de microfoneo de última generación. Pero esto es solo una aprte de los nuevos planes mediáticos del MET. También tenemos el estreno del canal de radio satelital del MET, disponible por suscripción con la compañía Sirius. Se transmitirán las funciones en vivo y el resto del tiempo sonarán grabaciones de los archivos del MET. Ópera las 24 horas del día sin comerciales. Además las funciones de los sábados se pueden escuchar en Internet desde el portal http://www.metoperafamily.org/. Y para los que vivimos en la Ciudad de México está la opción de sintonizar Opus en el 94.5 de FM, donde también se transmiten las funciones de los sábados en vivo. Estás transmisiones son pioneras en el mundo. Recordemos que el 24 de diciembre pasado se cumplieron 75 años de las mismas que se escuchan en los cinco continentes.
Veremos como evoluciona el mercado de las proyecciones en cine, pero por lo pronto ha sido un éxito. En Carolina del Norte, por ejemplo, los boletos para la función del 24 de marzo se agotaron dos meses antes, los organizadores cambiaron la función a un cine más grande, y se volvieron a agotar. Y es que a un promedio de 200 pesitos mexicano por boleto, es accesible comparado con los precios de boletos normales para la ópera. Testimonios recogidos entre los asistentes a la primera función parecen consistentes en cuanto a la posibilidad de acceder a un espectáculo que ha parecido intimidante. Mucha gente piensa que no es lo suficientemente elegante o rica como para ir a la ópera con smoking o vestido de noche. Pero para los asistentes a las funciones de cine pareció fantástico poder apreciar una producción innovadora y canto de primer nivel con una cubeta de palomitas y un refresco extra grande en manos.
Pero no todo son buenas noticias, y ya se han alzado algunas voces preocupadas. Por ejemplo en Atlanta un influyente crítico musical, Pierre Ruhe, considera estas proyecciones un paso hacía adelante para el MET y uno hacía atrás para la ópera a nivel local. La ópera de Atlanta jamás tendrá todo el dinero y prestigio necesario para montar producciones como las del MET, así que el público que vea las proyecciones en cine y luego las compare con las producciones locales puede sentirse desilusionado. Pero más aún considera Ruhe, la alta definición puede llevar a la ópera a un espectáculo más superficial. Con los incesantes acercamientos de la cámara puede tenderse a privilegiar a cantante de bella apariencia aunque tengan capacidades vocales menores. Cita dos ejemplo, la transmisión de la Madama Butterfly de Minghella ocupó a una soprano que cuadraba muy bien en la apariencia ero carecía de la potencia vocal, y la de I Puritani pone a la bella Anna Netrebko en un papel que no cubre las demandas de la coloratura lírica del personaje.
Será necesario seguir de carca la evolución del medio, pero por lo pronto estoy seguro de que muchos deseamos que estas proyecciones estén disponibles muy pronto en México.