Marina Mahler solicitó al gobierno austriaco que le sea devuelta una pintura que su abuela, Alma Mahler-Werfel, prestó a la galería austriaca del Palacio Belvedere en Viena. Al verse obligada a escapar de la persecución nazi, pues su esposo en 1938 era judío, el cuadro fue vendido por las autoridades.
El cuadro en cuestión Noche de verano en la playa fue pintado por Edvard Munch alrededor de 1902. Marina señala que Austria no respeto su ley sobre la devolución de obras de arte decomisadas o robadas en el periodo nazi. Tal ley data de 1998.
La misma Alma, quien se refugió en la ciudad norteamericana de Los Angeles junto con su esposo, el escritor Franz Werfel, solicitó la restitución de la pintura bajo las leyes austriacas de restitución. En 1953 se realizaron diligencias pero la corte falló en contra de Alma, quien finalmente falleció en Nueva York en 1964 sin haber recuperado la obra.
Alma era hija de un pintor, Jakob Emil Schindler, y estuvo casada con el compositor Gustav Mahler y el arquitecto Walter Gropius antes de casarse con Werfel. El cuadro en disputa fue un regalo para Alma cuando nació su hija con Gropius, Manon, en 1916.
Bajo las leyes de restitución de obras de arte de 1998, más de 4,000 objetos han sido devueltos por el gobierno austriaco.
Unos hermanitos de Utah bastante monos y serios fueron la “gran sensación” pianística del 2005. Si le llega una invitación para escuchar a un quinteto de pianos mormón ¿qué pensaría? Pues resulta que los Brown son este ensamble de hermanos (3 niñas, 2 niños) que ganaron becas por separado para estudiar en la Juilliard de Nueva York y generaron con su primer disco más cejas levantadas que cualquier episodio de los Muppets. Sin embargo, su segundo disco No Boundaries no resultó tan “complaciente” o “facilón” como se esperaba (no hay arreglos a cinco pianos del último éxito de Shakira). Es prometedor que se incluya en un disco de esta naturaleza música de Lutoslawski y Alberto Ginastera. Además el arreglo para cinco pianos de la Rapshody in blue de Gershwin es impresionante, además de un arreglo similar sobre Stravinsky. Claro, esto no deja de hacernos pensar que son una especie de The Osmonds de la música clásica. Un amigo, al que no voy a balconear, no sabe con que sustituir los discos de Britney Spears y Cristina Aguilera que su chica lleva a todas partes (sobra decir que el hombre es un santo, porque esos discos ameritan divorcio inmediato). Esta podría ser la solución.